Los viajesde verano están en pleno apogeo y, con millones de personas desplazándose por todo EE. UU. por vacaciones, mudanzas y viajes relacionados con el Mundial de la FIFA, los aeropuertos están más concurridos de lo habitual. Este volumen de pasajeros se suma a un cambio más discreto que ya se está produciendo en los controles de seguridad, donde la forma en que los pasajeros manejan su equipaje se está redefiniendo poco a poco sin que la mayoría de los viajeros se den cuenta.
Según Simple Flying, la TSA está implantando escáneres avanzados de tomografía computarizada en 3D en los principales aeropuertos de EE. UU., incluido el LAX. Estas máquinas sustituyen los sistemas tradicionales de rayos X por imágenes totalmente en 3D. En lugar de reducir tu maleta a una sola imagen plana, los agentes pueden girarla y hacer zoom en su interior de forma digital.
Cómo afectan a los viajeros los nuevos escáneres de la TSA

¿La respuesta rápida? Menos líos. El ritual de vaciar la maleta está desapareciendo. Los portátiles, las tabletas, las cámaras, los cables de carga y los líquidos permitidos suelen poder quedarse dentro del equipaje de mano durante el control en las filas prioritarias. Eso significa menos bandejas, menos paradas y menos de esa típica coreografía de «vacía tu maleta».
La forma de hacer la maleta también está cambiando, ya que los neceseres ya no tienen que ir en la parte superior del equipaje para poder sacarlos rápidamente, y los dispositivos electrónicos se pueden colocar donde mejor quepan, en lugar de tener que dejarlos a la vista para la inspección.
El único inconveniente es que ahora se está aplicando de forma más estricta el tamaño del equipaje de mano en la práctica. Como los escáneres de tomografía computarizada tienen aberturas de túnel fijas, es posible que las maletas demasiado grandes no quepan y sean apartadas antes incluso de que comience el control. Lo que antes era una cuestión flexible para las aerolíneas es ahora una restricción estricta en los controles de seguridad.
Esta oleada de cambios forma parte de un programa de la TSA por valor de hasta 781,2 millones de dólares, que financia la implantación a nivel nacional de escáneres avanzados basados en tomografía computarizada. El objetivo es agilizar el proceso, reducir los pasos manuales y mejorar el flujo de pasajeros en los aeropuertos más concurridos.