El horizonte de Los Ángeles suele definirse por sus rasgos más reconocibles: el letrero de Hollywood, los rascacielos del centro… Y la nube grisácea que con frecuencia se posa sobre el horizonte. Aunque el smog de la ciudad no es precisamente una vista agradable, al contrario de lo que se suele creer, es mucho menos grave que en los años 60 y 70, cuando era profundamente tóxico.
Esa transformación es el tema central de Smog and Sunshine: The Surprising Story of How Los Angeles Cleaned Up Its Air, escrito por Ann Carlson, profesora Shirley Shapiro de Derecho Ambiental en la UCLA y directora fundadora del Instituto Emmett sobre Cambio Climático y Medio Ambiente.
En una entrevista reciente, Carlson reflexiona sobre cómo Los Ángeles pasó de tener unos de los peores niveles de contaminación atmosférica del mundo a convertirse en uno de los casos de éxito medioambiental más estudiados.
366 días de contaminación
Allá por los años 60, «hubo 286 días en los que el sur de California superó los límites de ozono». Las concentraciones de plomo en la atmósfera eran hasta 50 veces más altas que hoy en día, lo que exponía a los residentes a niveles de contaminación que ahora se considerarían catastróficos.
La contaminación por monóxido de carbono era tan extrema que, en 1964, la región superó los estándares legales de calidad del aire los 366 días de ese año (que era bisiesto). En la década de 1970, «teníamos alertas de smog más de la mitad de los días del año».
De un experimento con piñas a la Ley de Aire Limpio
El científico del Caltech Arie Haagen-Smit, un bioquímico vegetal que estudia las piñas, se vio atraído por la investigación sobre la contaminación atmosférica cuando los cultivos del sur de California empezaron a sufrir daños inexplicables. Para investigarlo, construyó uno de los primeros experimentos controlados en una «cámara de smog», combinando las emisiones de los coches con la exposición a la luz solar en condiciones de laboratorio.
Descubrió que el smog se formaba en la atmósfera cuando los contaminantes de los vehículos reaccionaban con la luz solar, produciendo una mezcla química tóxica, la primera prueba científica clara de que la contaminación atmosférica era algo más que un subproducto de las emisiones.
A partir de ahí, Mary Nichols desempeñó un papel clave en la implantación de los convertidores catalíticos, una tecnología que más tarde se convertiría en un estándar mundial, mientras que Juana Gutiérrez y las Madres del Este de Los Ángeles llamaron la atención sobre la injusticia medioambiental , oponiéndose con éxito a las instalaciones contaminantes en las comunidades marginadas.
En la década de 1980, el congresista Henry Waxman reforzó la Ley de Aire Limpio mediante legislación federal, consolidando el marco normativo que permitió mejoras a largo plazo.
El smog y la calidad del aire en Los Ángeles hoy en día

Aunque la nube gris sigue siendo un elemento característico de la ciudad, esta ya no se define por las constantes alertas de smog. A pesar de los retos en materia de calidad del aire (especialmente por el humo de los incendios forestales y las elevadas emisiones del transporte), el contraste con su pasado es espectacular.
La transformación es el resultado de décadas de investigación científica, medidas reguladoras y presión pública trabajando en conjunto.