El río de Los Ángeles no siempre tuvo el aspecto de un gigantesco canal de hormigón. Antes del siglo XX, era un río salvaje y cambiante, rodeado de humedales y llanuras aluviales. Pero eso traía consigo un grave problema: las inundaciones.
A principios del siglo XX, sobre todo tras tormentas devastadoras como la Gran Inundación de 1938, la ciudad se enfrentaba a repetidas destrucciones. Las casas, las carreteras y barrios enteros estaban en peligro. La solución fue drástica, pero eficaz. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE. UU. lideró un proyecto a gran escala para encauzar la mayor parte del río con hormigón, lo que permitió que el agua fluyera rápidamente y de forma segura hacia el océano.
Funcionó, pero a un precio… El ecosistema natural quedó prácticamente borrado. Los humedales que antes absorbían las aguas de las inundaciones y albergaban vida silvestre desaparecieron, sustituidos por un canal estéril.
Como explica Candice Dickens-Russell, presidenta y directora ejecutiva de Friends of the L.A. River: «Las inundaciones son una realidad en Los Ángeles… pero no creo que tenga sentido quitar todo el hormigón de la noche a la mañana». En su lugar , propone un enfoque más equilibrado: reducir el hormigón donde sea posible sin dejar de mantener la protección contra las inundaciones.
Una sorprendente excepción es Glendale Narrows, donde el lecho del río sigue siendo blando. Aquí, «la naturaleza contraatacó», permitiendo que volvieran las plantas y la fauna. Iniciativas como estas están ayudando a restaurar partes del río e incluso a recuperar especies como el vireo de Bell, en peligro de extinción.
¿Qué es FoLAR y a qué se dedican?

Friends of the Los Angeles River (FoLAR) se fundó en 1986 con una misión sencilla pero ambiciosa: devolverle la vida al río. El grupo trabaja en la restauración del hábitat, programas comunitarios y actividades de defensa para transformar el río en un espacio más saludable y accesible.
A lo largo de los años, FoLAR ha ayudado a organizar limpiezas, programas educativos e importantes iniciativas de restauración. También han desempeñado un papel clave en cambiar la forma en que los angelinos ven el río, no como una zanja de control de inundaciones, sino como un activo natural y cultural.
Como dice Dickens-Russell, el objetivo no es borrar el pasado, sino replantearse el futuro: «Hay lugares donde podemos tener menos hormigón».